Cuarta jornada
Han pasado varias noches sin descargar en papel los demonios que enfrento durante el día. No ha sido porque la maldad se haya mantenido a distancia, más bien todo lo contrario, pero ha estado tan cerca que han sido noches de vigilia o sueño inquieto. Luego del combate con los demonios que ocupaban el templo desecrado de Valiria, me distraje unos minutos recorriendo el lugar y cuando volví con el resto del grupo se nos habían unido un alto elfo de DelRiben y una druida medio-elfa del bosque. Mientras estábamos presentándonos Alatariel comenzó a desmenuzar a uno de los demonios buscando la piedra que tenían en su poder. Al morir, ya no parecían enanos sino demonios alados, deformes criaturas que no parecían haber nacido de ningún ser vivo. Finalmente Alatariel desenterró la piedra del cuerpo de uno de ellos pero la dejó caer luego de sostenarla un segundo, pálida y enfermiza, la elfa se quedó mirando la piedra negra que parecía absorber la luz. Varios intentaron tomarla, todos fuero...